¿Por qué es importante para una persona fijarse metas?
Tomado del Seikyo Criollo, Enero 2007.

Las personas que no se fijan metas elevadas para ellas mismas sufren de una especie de “corta visión espiritual”, Los animales no son capaces de tener objetivos a largo plazo, sólo los seres humanos pueden. No sólo es privilegio exclusivo de los seres humanos sino que es en el esfuerzo por lograr esos objetivos que demostramos nuestra superioridad sobre animales.

Las personas que se fijan metas, entonan Daimoku y se retan con una actitud positiva son verdaderamente vigorizantes y viven la vida al máximo. El presidente Ikeda dice que: “Fijar metas se convierte en un trampolín para el propio desarrollo de uno. La gente sin metas no se puede comparar con los que con regularidad  se fijan objetivos”. Para desarrollarse verdaderamente deben fijarse metas claras, desarrollar planes y tomar acción con rapidez.

Fijarnos metas nos fortalece física y mentalmente, es más si los retos son difíciles de alcanzar; la capacidad de la persona se fortalecerá aun más. De hecho, uno se puede desarrollar ilimitadamente al proponerse metas elevadas y desafiarlas. Las metas difíciles de alcanzar representan un esfuerzo pero una vez logradas, producen una satisfacción mayor que las fáciles, y además esa alegría dura más tiempo.

¿Cómo deben ser mis oraciones  para poder lograr todas las metas que me propongo?

En el momento de entonar daimoku o de ofrecer las oraciones silenciosas, lo más importante es orar con una actitud mental resuelta. La oración nunca debe ser abstracta.  El ámbito en que transcurren estas oraciones es nuestro corazón. Por eso, el contenido de ellas serán los pensamientos que ocupen nuestro corazón en el momento que entonamos Daimoku.

El presidente Toda decía:

Como somos seres humanos, es natural que, durante la entonación del daimoku, vengan a nuestra mente los más diversos pensamientos. Pero, si estamos orando con seriedad y sinceridad, gradualmente podremos centrarnos por completo en el Gojonzon. Si hacemos daimoku con una actitud mental seria y franca, se disolverán nuestras diversas preocupacio­nes por los asuntos de la vida cotidiana. En ese momento, para darles un ejemplo, las quejas de su cónyuge pasan a ser algo tan manso y sereno como una canción de cuna.

Pero, cuando ofrendemos las oraciones silencio­sas, pongamos cuidado. El pensamiento que ocupa nuestro corazón queda registrado fielmente por el Gojonzon. Si, durante las oraciones silenciosas, pensamos: “¡Ese tipo es un verdadero cretino!”, aunque con los ojos estemos leyendo el texto de las oraciones silenciosas, el pensamiento de nuestro corazón es “Qué cretino es Fulano”. Y esa pasa a ser nuestra oración al Gojonzon.

El presidente Ikeda dice:

En mi experiencia, existen tres tipos de daimoku: primero, el daimoku que no es entonado por la mayoría del mundo, especialmente por aquellos que son Budistas. Es el daimoku que se intenta entonar pero no se hace porque las personas se distraen en otra cosa, por los demás, por una taza de café, por la negatividad – simplemente están intentando no orar!

Segundo, hay un daimoku que entonamos con nuestras bocas, pero no con nuestros corazones, con nuestras vidas o con nuestras mentes, las cuales casi siempre están en algún otro lugar. Es grandioso estar orando, pero no nos estamos entregando completamente si nuestras mentes están en otra parte.

El tercer tipo de daimoku es el mejor de todos. Se entona con la boca, pero combinado con una profunda oración – enfocándonos a escuchar el sonido de Nam Miojo Rengue Kio o concentrarnos directamente hacia la solución de un problema. Hay dos alternativas: una, orar para resolver nuestros problemas personales, preocupaciones y circunstancias; y segunda, lo que yo denomino “daimoku del cielo azul”. Este es un daimoku entonado con una gran visión y determinación, por la paz, por el kosen-rufu, por la creación de valores, por la unidad, por un verdadero cambio en el mundo. En otras palabras, es cuando oramos por  la naturaleza de Buda en nosotros mismos y de cada ser en el planeta. Esto es orar con el espíritu de  “...simplemente desear ver al Buda, sin importar que esto sea a costa de nuestras vidas...” (Ensayo “Bunkyo –Una Arena para mis Luchas de Juventud”, del Daisaku Ikeda).

Las oraciones que alguien consagra al Gojonzon reflejan su estado de vida. Entonces, la oración tiene que ser concreta, seria y sincera, y estar formulada con determinación.